miércoles, 18 de mayo de 2016

TRAYECTORIA PROFESIONAL , EXPERIENCIAS, APRENDIZAJES

Eskerrik asko . Por haberme invitado a compartir esta mesa y porque me ha servido para poder reflexionar  lo que ha supuesto y supone mi propio camino en la profesión.  Reflexiones que ahora comparto.
   Me siento como la “abuela cebolletas” contado mis experiencias a lo largo de mi carrera profesional,  como si pareciese que ésta ya se ha acabado. Independientemente de que ya estoy cerca de la jubilación,  resulta que siempre me he sentido y me sigo sintiendo Educadora Social citando  las palabras en educadorsocialasturias – paranoias de Alberto  en un post reciente :

Somos educadoras  las  24 horas porque nuestra mirada es social, no es de otra forma, no puede ni (me atrevo a decir) debe serlo. Nuestros ojos son críticos, cuando compramos ropa, comida… cuando vemos la tv, cuando miramos internet, cuando escuchamos la radio e incluso la música que elegimos. Esa es la mirada social
El ser educador social las 24 horas; no es llevarnos el curro a casa,
Sino tener y actuar desde esa mirada social.

  Mi historia profesional en la Educación Social, va de la mano de lo que ha sido el inicio de la profesión y su desarrollo a lo largo de estos años.
En realidad empecé a ejercer profesionalmente de manera tardía, con alrededor de 35 años,  aún no se había creado la diplomatura  de Educación Social.
 NO OBSTANTE , YA VENIA de estar en  contacto con lo que hoy es la profesión  desde los 18 años aproximadamente  (estamos hablando del año 1975 más o menos , todavía en la dictadura) ,  y todo por hacer , con grupos de tiempo libre; escuelas de padres; foros en torno a la mujer , Formación , etc.., con mucha inquietud y participación social ., pero esto lo hacía en mi tiempo libre, voluntariado, militancia. Aparte me tenía que buscar la vida , así que trabajé durante 17 años de secretaria de dirección y en mis tiempos libres me dedicaba a estas cosas y además a sacarme una licenciatura, que en mi caso, al no existir Educación Social, entendía que lo que se acercaba más a este campo era la Pedagogía., que la hice por la UNED.
Así que aquí me  encuentro con lo que para mí marca unos hitos importantes para  lo que en el futuro va a ser mi desarrollo personal y profesional,

 AEl contexto social , el momento en que yo y otras personas como yo empezamos a implicarnos  y comprometernos socialmente. Saliamos del agujero y todo estaba por hacer: mucha participación social; asociaciones de vecinos muy activas, con mucha ilusión y ganas.
 B/ Vocación No quiero decir que ahora las personas que elegís  la Educación Social no tengáis vocación, solamente digo que existen muchas variables más para elegir la carrera y no precisamente la vocación, mientras que entonces simplemente no existía , tuvimos que, como en tantas cosas más, “perseguir” nuestra vocación para que se hiciera realidad para dotarla de cuerpo y reconocimiento .
 C/ Coherencia: Allá por el año 91,  En Agintzari me dieron la oportunidad (había estado formándome con ellos, porque había mucha formación y muy  buena) de hacer una sustitución para educadora de familia, no me lo pensé e hice “un salto en el vacío” y me lancé, midiendo los riesgos que eran muchos , pero lo tuve claro y ahí sí empecé como Educadora  profesionalmente hablando (la carrera aún no estaba) .
Me costó asumir, y lo hice con gusto que me pagaban y me podía ganar la vida , haciendo aquellos que siempre lo había hecho en el tiempo libre, y si hasta entonces había sido como si llevase dos vidas paralelas, una dedicada a ganarme la vida y otra la verdaderamente mía, ahora se unían ambas y  todo iba en sintonizaría , era coherente.

Y prácticamente en este punto empieza también mis contactos con la Universidad porque sale ya la primera promoción y en paralelo la asociación de educadores y educadoras está en un proceso de sacar el colegio, este también fue una labor ardua de un buen puñado de educadoras y educadores a lo largo de varios años. Diplomatura, colegio, procesos de habilitación, código deontológico… etc. , que han ido poniendo los cimientos de la profesión. 

CREO QUE ES IMPORTANTE RECORDAR ESTAS COSAS PORQUE
 A veces tendemos a pensar que lo que tenemos, lo que disfrutamos, ha estado ahí siempre o alguien nos lo ha concedido y esto nunca es así ,  es gracias a la persistencia, la lucha, la preparación de muchas personas que finalmente conseguimos hacer realidad tanto derechos, como oportunidades, sueños ,etc.

 Es precisamente desde esta vocación que me motiva, me ilusiona, me impulsa desde donde siempre me ha parecido y me sigue pareciendo importante la formación, seguir formándome y no necesariamente con cursos y más cursos, que también, sino desde la inquietud por leer, contrastar, reflexionar, escribir. A mí aún me sigue sorprendiendo lo que aprendo, lo que me muestran y me enseñan las personas que acompaño en mi tarea.
  En los tiempos en los que aún no hablábamos ni de profesión ni de carrera ni de nada de esto, había una máxima que seguíamos en los grupos en los que estaba envuelta y enredando , era
                           “acción, reflexión, acción”, 
es decir estaba la experiencia, la reflexión o teorización (si lo preferimos) y vuelta a la acción. Esta máxima me sigue ayudando.
 Y ha habido autores que me han acompañado y que son referentes importantes: Carl Rogers, con conceptos importante como la Congruencia   que en nuestro marco Rogers la definiría como “autenticidad, sinceridad y transparencia de la persona que acompaña personas y procesos o como Paulo Freire en su pedagogía del oprimido y en la definición que hace de Educación bancaria,(entre otros) creo que en muchos de nuestras intervenciones seguimos (lo peor de manera inconsciente) , cuando dice y define la educación bancaria como aquella que “en lugar de observar la educación como un proceso de diálogo consciente y con discernimiento, la educación bancaria contempla al educando como un sujeto pasivo e ignorante, que llevado al campo de la educación social, supone que es el profesional de la educación el que le dice lo que ha de hacer “
y otros muchos : Minuchin; Cancrini, Marco Marchioni, Barudy; Zirulnik,
Jose R. Ubieto  (con sus trabajos sobre el trabajo en red), y como no podemos perder NUNCA la mirada social y menos en estos tiempos, un imprescindible para mi Zygmunt Bauman , también Sanpedro y otros.
Y en la medida que voy leyendo, aprendiendo…, me doy cuenta que , como dijo Sócrates “solo sé que no sé nada” .

 Otro hito importante y que para mí significó un antes y un después fue cuando en  el 2005  hice la Formación de Orientación y Supervisión en la Asociación Navarra Mitxelena,  teniendo como tutor a Jesús Hernandez Aristu para mí una  de las personas, sino la persona que más me ha aportado personal y profesionalmente , no se si tanto en  por la formación transmitida o posibilitada, sino por la autenticidad y congruencia  que nos transmitía,  y por la posibilidad que me dio para conocer y reconocer lo que llevo en mi “mochila” para conocer “mi herramienta de trabajo” que soy yo misma, para no solamente conocerla, sino para cuidarla, darle descanso , y además para saber, en mi trabajo cotidiano, lo que es mio y lo que es del otro….. . Yo creo que esto ha hecho posible que a día de hoy, sí un poco cansada, no me haya quedado en el camino, y me siga activando ante los retos del día a día de nuestro trabajo.

A menudo me han preguntado  y me preguntan (pregunta recurrente, a vosotras también os habrá pasado)  que hago en mi trabajo y mi contestación siempre ha sido “ Acompaño la vida cotidiana de las personas para que la mejoren” así de sencillo y de complejo al tiempo.  Porque hablo de acompañamiento, de presencia, de escucha , de vinculo…. . Yo como profesional tengo las herramientas, los recursos, las estrategias… que harán posible que las personas y los colectivos vayan haciendo sus propios procesos.

 Este es un aspecto que, al tiempo que se ha ido haciendo la profesión, que la profesión ha sido subsumida por las Administraciones y las políticas sociales , se ha ido ordenando , protocolizando , en aras a cada vez una mayor eficiencia y un mayor control, unas mejores estadísticas, así las personas, las comunidades, los colectivos se convierten en : expedientes; nº de casos atendidos, poblaciones dianas. Todo tiene que entrar en un Item. La deriva actual es que el objetivo de nuestro trabajo sea cumplir los protocolos con la mayor eficiencia posible y que las personas, sus vidas entren en un determinado item, cumplan unas determinadas expectativas perfectamente controladas y controlables ….. ,
 lLas personas somos únicas con  expectativas propias, proyectos de vida propia, procesos únicos , las personas, los colectivos están  y tienen que seguir estando en el centro de nuestra intervención , no las estadísticas ni los protocolos que son o debieran ser , herramientas que nos ayudan.  Creo que este es un gran reto en este momento, para la profesión .

Y se convierte en un gran reto porque no nos olvidemos que vivimos, desde hace ya un tiempo en un cambio social  en un cambio de paradigma, es decir un cambio de modelo social,  el sistema  capitalista “hace aguas” ,(no lo digo yo) y  nos seguimos empeñando en respuestas que como mucho “tapan algunos agujeros”, ya no valen, así que en lo que desemboque el nuevo modelo dependerá de todas nosotras y en lo que respecta a nuestra profesión , igual.. Apasionante.

Por ir terminando..

Hace años en una formación, hicimos un ejercicio de visualizarnos y expresar como nos gustaría vernos, al término de nuestra vida profesional y yo contesté que me gustaría estar haciendo lo que hacía, con las mismas ganas, motivación y entusiasmo. Afortunadamente, así es , cierto que en ocasiones me siento cansada, pero creo que es más un tema de edad y de circunstancias que la vida va trayendo.

Así que..
 Jubilada o no, seguiré siendo educadora social, porque no puedo dejar de tener una mirada social y eso solo, ya me compromete  quizá con un poco menos de energía, pero con la misma pasión, porque vivimos tiempos apasionantes y llenos de retos, donde todo está por inventar y hacer en este nuevo sistema que emerge.

Eskerrik asko por escucharme y espero que os haya servido.

Inés - Educadora Social

martes, 29 de marzo de 2016

DE PRESENCIAS Y AUSENCIAS

 El origen de esta reflexión está en un encargo que la Asociación Susterra me hizo para una jornada que estaba organizando, octubre de 2015: Calle, comunidad y relación. Vínculos de proximidad como clave para el éxito. Así que voy a empezar agradeciendo, fue una responsabilidad y una gran oportunidad, como la vida misma. Lo que voy a comentar aquí no es un discurso teórico sacado de la reflexión y el estudio de autores, años y años buceando en textos…. Es fruto de mi experiencia profesional, y de la reflexión compartida con muchas personas a lo largo de estos años. Sencillamente voy a contar un poco de mi experiencia de unos cuantos años. 
He trabajado tiempo de educadora, sin embargo, nada es casual, siempre he tenido la cabeza y el corazón en lo que les pasaba a nivel personal, a nivel de salud, a las personas con las que estaba. De la psicologia a la intervención social, y en la intervención social con mirada psico, con mirada emocional. Lo picosocial, psicoeducativo, que curiosamente ahora está sobre la mesa (como nunca jornadas y talleres, encuentros en los que sale esta palabra). Y todo esto situado en los barrios, en los contextos, en la comunidad.
 Voy a hablar de los procesos que hacemos con las personas que viven situaciones de vulnerabilidad social, exclusión social. Y de los procesos que tienen que ver con lo personal, con reconstruir su historia, con lo psicoeducativo, psico- social, cercano a lo terapeútico en cuanto a estar mejor, recuperar salud, posibilidad, fuerza, futuro. bienestar, recuperar mi historia de tal manera que no sea bloqueo, sino impulso. Tener en cuenta su historia vital y su momento actual, para seguir en la vida con otra mirada, CON OPORTUNIDAD DE CAMBIO.
 Y quiero hablar de este trabajo individual y grupal de reconstrucción, teniendo en cuenta los contextos como «sanadores» también. Las personas. Estamos con personas que tienen experiencias de daño, ruptura emocional…que en muchos casos conlleva el título de enfermedad mental. Tienen mucha ausencia, de referentes adultos, de límites, orden, ritmo, de tranquilidad en casa, ausencia de capacidad de frustración, de estímulos y refuerzo, de experiencias de éxito, de refuerzo social, de éxito en lo escolar, en las relaciones, de relaciones de igualdad…de respeto y de respetar…. y mucha presencia.
 Grandes supervivientes, fuerza, capacidades, ganas de cambio y mejora (aunque a veces muy oculta), risa, disfrute, agradecimiento aunque no expreso, emoción a tope, crisis y conflicto, angustias, violencia, alegría, humor… . Creo que a veces no vemos ninguna de estas dos dimensiones, solo vemos conductas que no son legales, adecuadas, que no se corresponden con lo que se espera, que rompen con el estatus quo, …..que molestan al vecindario, a los recursos..
 Las personas profesionales necesitamos estar PRESENTES PARA PODER VERLES, SENTIRLES. Para poder trabajar sus ausencias a través de su presencia y de la nuestra. Y para nosotras/os estar presentes necesitamos de emoción, no sólo de cabeza.
 Nuestra profesionalidad, para mi, se basa en un buen equilibrio a este nivel. En esta tensión, emoción es donde, en mi opinión y experiencia, se puede producir un encuentro significativo. Y desde luego, sólo desde aquí una posibilidad de cambio. También nosotras/os profesionales tenemos que apropiarnos de lo que hacemos. Parece que sólo los protocolos de items recogen el trabajo. Pues no. Protocolicemos desde lo cualitativo, con rigor y responsabilidad. ¿Cómo es este tejer fino? Es un ESTAR QUE TIENE QUE VER con:

Estoy con una persona que tiene su historia, su dificultad y su posibilidad. Y que tiene derecho a tener su historia. Con una persona que igual no ha tenido ninguna experiencia de relación significativa en la que se le ha recogido como otro/a . Cuido que establezca una relación de confianza, me doy tiempo para ello, porque en cada caso es único, para a partir de ahí establecer una relación y hacer un proceso psicoeducativo. Me muevo en sus contextos, cuido la relación, estoy presente, y la persona se da cuenta de que para mí ella también está muy presente. En ese juego de presencias se genera la posibilidad de poder acompañar su proceso. Escucho, estoy muy atenta a lo que trae, a cómo se mueve,…acojo, limito, confronto. Soy clara, honesta, le respeto. Respeto su ritmo, su necesidad, posibilidad. Lo que quiere y puede contar y lo que no. Le devuelvo con la distancia profesional, poniendo sobre la mesa también los límites de mi trabajo. Todo no puedo y además no quiero. Tengo en cuenta la responsabilidad. De qué se puede responsabilizar en este momento? No pido lo que no se puede y si lo que creo que puede aquí y ahora. Tu de que te responsabilizas? Yo de esto…Yo también me responsabilizo de lo mío. 
Respeto sus tiempos y lo que me cuenta, o su silencio. Tengo delante la cuestión de la igualdad mujeres y hombres, tengo en cuenta el machismo estructural vigente, y cómo son estos procesos en el marco de la vulnerabilidad y exclusión. En qué contextos viven estas mujeres, sus pluses, cual ha sido su modelo. Las mujeres. Respiro, me enfado, acepto y a seguir. Los microcambios. Me planteo estrategias para ver cómo comunicarme, cómo acercarme, como mantener algunas distancias para no confluir . Para seguir siendo 2 personas en relación con roles diferentes y viviendo momentos únicos
Detrás de cada encuentro hay un plan de trabajo, un proyecto. Una hipótesis de trabajo y unos objetivos que quiero conseguir. Hay método y técnica. No es un tema de buenismos. 
Es algo complejo y emocionante. “Es un trabajo fino de equilibrios”. “Crear redes de relaciones. Poética de la proximidad” (Silvia Navarro. Perspectiva relacional). ESTAR para trabajar estas presencias y ausencias. Con-tacto. Los procesos. Los tiempos, los protocolos… Un ejemplo, ¿cuánta rehabilitación necesita una persona después de una operación a corazón abierto??? Tiempo no??’ ¿Por qué en lo emocional, personas que están haciendo procesos duros profundos, porque vienen de experiencias básicas de mucha ausencia, porque nuestra realidad social es injusta, que no son culpables de lo que les pasa (sólo responsables de su vida), tienen que hacer un proceso en 6 meses/2 años.. Cuando llevan 25, 14 o 35 años viviendo de esa manera tan sobreadaptada?
 Marquemos plazos, por supuesto, pero….y Seamos personas, seamos personas serias, seamos personas profesionalmente competentes. Diseñemos procesos evaluables por supuesto, esa es una de nuestras responsabilidades, pero que el cumplimiento de nuestras herramientas no rompa la esencia. Y esto trabajando Los contextos y en red. no sólo con los recursos especializados que tienen que ver con «el caso», trabajemos lo comunitario, en la comunidad. Hacer estos procesos personales y grupales y hacerlos también teniendo en cuenta el entorno. Como un circo de 3 pistas. También la comunidad como generadora de procesos de presencias y ausencias. Yo hago el trabajo psicoeducativo, y tú eres la psiquiatra, tú el maestro de la niña, y tú de la asociación de mujeres en las que vamos a intentar que participe o del huerto urbano de su barrio…. Una manera de contar que si, yo estoy trabajando en lo emocional, pero que como participe en el huerto urbano, lo petamos… Esto si que es red, red que sostiene y que nutre.
 La imagen que me viene es la de onda concéntrica pero sería con gafas 3d.
 Sobre el trabajo en red llevamos muchos años y años… Nos cuesta trabajar en red. Igual es que no sabemos, igual es que no queremos, igual es todo… Pues no hay otra manera de trabajar con calidad, Si que está en nuestros programas y en muchas ocasiones diseñamos las líneas de intervención en red. Es mejorable como todo, y creo que en algunas ocasiones si que nos falta diseño, implementación con reparto de responsabilidades y evaluación desde esas responsabilidades. Visión de proceso global, y que justo en esa visión y en el trabajo desde esa visión está el logro de los objetivos, la mejora de la calidad de vida de las personas con las que estamos, y el cambio social??? Para mi también. 
Me sale que nos toca una de respetarnos más a nosotras/os mismas/os, y a las personas con las que trabajamos.
 En un tiempo gris nos hemos mimetizado, y lo que es peor nos justificamos con ello. Ya cansada, cansados de caer en esa espiral de todo está mal, ¿la responsabilidad ??…quien hace las políticas sociales, quien las gestiona, el tercer sector…. Todo abstracto. Estoy muy cansada de compartir discurso con personas y entidades y que luego en los ámbitos en los que puedo incidir para algún pequeño/gran cambio, nada de nada. Discursos huecos, mucha palabra y muy poca acción en consecuencia. Muy poca presencia. Bueno siento como una invitación a buscar maneras sólidas, creativas, estratégicas, coherentes, humanas, desde la humildad y la curiosidad, éticas, con humor, desde la posibilidad, justas, sensibles, profesionales, de calidad técnica, emocionantes… Con presencia.  Mila Esker. 

sábado, 2 de enero de 2016

La función social de las instituciones en la atención a las personas sin hogar: un deber de humanidad. El ejemplo de HOUSING FIRST


El proyecto Housing first, en curso en diversos países, permite dar cuenta de la “función social” que debe, a mi juicio, privilegiar la atención social sobre otras líneas del programa institucional en la actualidad y, en particular, en la atención a las personas en situación de vulnerabilidad social y sin hogar. Sin entrar a hacer un estudio pormenorizado y detallado del método si querría situar y localizar algunas cuestiones del mismo, que no han de pasar desapercibidas para aquel que pretenda hacer una lectura atenta y contemporánea de los dispositivos de atención a las personas en situación de sinhogarismo.

En nuestra práctica, no son pocas las ocasiones en las que nos vemos interpelados a preguntarnos por nuevos lugares y maniobras que permitan poder alojar a aquellas personas que no pueden seguir los itinerarios marcados, y que nos convocan a nuevas búsquedas. Cada disciplina se ve empujada a re-inventarse, a investigar nuevas maneras de pensar la profesión, la red asistencial o los dispositivos de atención ciudadana (Salud Mental, educativos, sociales). Hoy, más que nunca, necesitamos espacios, tiempos e iniciativas que hagan posible acoger y promocionar a aquellos que, por diversos motivos, hayan quedado “caídos” del lazo social, es un deber de humanidad. Es este el caso de muchas personas que se encuentran actualmente, hoy, en situación de “sin hogarismo” en nuestro territorio.

En las siguientes líneas trataré de articular algunas cuestiones que quizás nos permitan elucidar otras maneras de tratar la red asistencial ante los impasses de una época marcada por el signo de la fragmentación social, la caída de los ideales reguladores de otro tiempo y el desgaste de las figuras de autoridad que alumbraban las coordenadas del programa institucional durante la modernidad. Haciendo especial hincapié en la función social, de acogida y abrigo, que a mi juicio debe prevalecer en el programa institucional en nuestro trabajo con las personas sin hogar. Para ello tomaré como muestra algunas consideraciones y paradojas que pone sobre la mesa esta experiencia que toma por nombre “housing first”; la casa o el hogar, lo primero.

La función social de las instituciones: un deber de humanidad.

Tradicionalmente, se ha abordado el fenómeno del sinhogarismo como una cuestión de política social, buscándose soluciones a través de dispositivos especializados de alojamiento. No obstante, en los últimos años ha ido creciendo una mayor sensibilidad hacia el papel central de la vivienda en la erradicación del sinhogarismo y su función social. En ese contexto, cada vez es mayor la atención que se le está dando al modelo Housing first como solución a este problema. Se trata de un enfoque que, sin ser revolucionario, subvierte en algunos postulados las intervenciones tradicionales. Este modelo surge en Estados Unidos a principios de los años noventa, por la organización Pathways to Housing. Esta entidad se dirigía exclusivamente a trabajar con personas sin hogar con problemas de adicciones y/o que padecen trastornos de salud mental. El modelo se basa en una intervención temprana en vivienda, proporcionando viviendas asequibles, permanentes y unipersonales a personas que vienen directamente desde la calle o desde dispositivos de emergencia, y ofreciendo un servicio de apoyo y acompañamiento social y de salud intensivo. Este modelo tiene como objetivo prioritario alojar a la persona en una vivienda estable tan pronto como sea posible, con estos principios básicos:
  •          Es una elección del usuario.
  •          Separación de vivienda y servicios de tratamiento.
  •          Ofrecer servicios que promuevan la recuperación.
  •          Integración en la comunidad.
  •          Práctica basada en hechos.

Este modelo privilegia la función social -de acogida- de los servicios residenciales y por extensión de las instituciones, poniéndola en primer plano. Distanciándose de los enfoques tradicionales de intervención residencial, basados en el “modelo de escalera”, la reeducación o los itinerarios residenciales, donde la vivienda estable es el objetivo final del proceso de integración, y las personas sin hogar pasan por distintas etapas (centros de acogida o albergues, pisos tutelados de corta, media y larga estancia, pisos de mayor autonomía, etc.) antes de “estar preparadas” para ser alojadas. Esta estrategia de escalera ha sido seguida tradicionalmente por muchos países europeos, incluido España.


En el campo de la exclusión social es necesario tomar muy en serio que lo que está en primer plano es una dificultad subjetiva, a veces estructural, para hacer con el lazo social. En muchas ocasiones se trata precisamente de personas con una problemática asociada a la salud mental. En este sentido se trata de crear “espacios de vida” o, dicho de otra manera, unas instituciones que posibiliten de entrada, y de manera prioritaria, acoger a las personas de manera un tanto incondicional, en una atmósfera de seguridad, calidez y apoyo, de tal forma que la persona pueda tener un tiempo y un espacio desde el cual poder iniciar ciertos recorridos sociales. Podemos entonces considerar esta función de hospitalidad, de deber de humanidad, como aquella tarea que se encuentra en el lugar central de lo que es deseable ofrecer a nuestros ciudadanos. Acoger, de manera incondicional, a aquellos que se encuentran sin hogar, sin casa, desalojados de un espacio tan imprescindible como esencial para poder construir un porvenir, un proyecto de vida, una vida digna y privada.

El programa desarrollado por Pathways to Housing contiene los siguientes elementos clave:
  •     Se dirige exclusivamente a personas que sufren de enfermedades mentales y trastornos de adicción.
  •        Proporciona acceso inmediato a una vivienda asequible y permanente directamente desde la calle o desde los dispositivos de emergencia.
  •        A los usuarios se les recomienda la participación en un tratamiento de salud mental y/o en la reducción de las drogas y el consumo de alcohol, pero no es obligatoria para el acceso a la vivienda o para que puedan mantenerse en la vivienda y recibir apoyo social.
  •       La vivienda se proporciona a través de un contrato de arrendamiento sin límite de tiempo, y la prestación del servicio está disponible todo el tiempo que sea necesario. La vivienda y el apoyo social se mantienen independientes entre sí.

En este sentido, el modelo Housing first plantea una separación muy interesante a la par que necesaria y contundente entre lo terapéutico y lo social. Dando a entender que si bien ambas tareas son compatibles también es cierto que se corresponden con momentos y tiempos distintos. Separar ambas perspectivas permite pensar los recursos residenciales para las personas sin hogar desde un prisma diferente a la actual lógica predominante. Además, tanto para la una como para la otra, es necesario e imprescindible contar con el consentimiento del sujeto. Un sujeto de derechos, un ciudadano de pleno derecho que solicita, siguiendo los trámites necesarios, ser puesto al abrigo en una institución. Baste decir que en el contexto actual de los servicios residenciales tienden a confundirse estos dos campos, lo terapéutico y lo social, como si formaran parte de una unidad indisoluble y amalgamada.

Separar el acto “terapéutico” del acto “social”

En la actualidad existe una peligrosa tendencia a confundir y solapar el acto terapéutico con el acto social, más propio de las prácticas educativas. Dicho de otra manera, para que una persona (cualquiera de nosotros) pueda solicitar un tratamiento y decidirse a llevar a cabo un trabajo personal que le permita sostenerse mejor en el lazo social debe antes existir un previo, una demanda. Poder sostener la posibilidad y la confianza de que algunos de los malestares que uno experimenta puedan ser abordados en el encuentro con un otro, bien sea éste un profesional, un servicio o un dispositivo de atención socio-sanitaria.

En el campo de la exclusión social, podemos agregar que hay ciertas demandas implícitas que necesitan de un tiempo, siempre subjetivo, para poder constituir un llamado al otro. Es el tiempo que se deduce de tener unos mínimos apoyos económicos y sociales, como por ejemplo, tener una vivienda, un espacio, un lugar propio donde sentirse seguro y desde el cual poder comenzar otros caminos. No se entiende, pues, no se deduce automáticamente que en los dispositivos residenciales se opte por unas metodologías que condicionan la estancia a unos objetivos terapéuticos que se imponen de entrada y por igual a cada persona, sin tener en cuenta la particularidad de cada caso. Todos estaremos de acuerdo en afirmar que el acceso a un tratamiento no debe ser tomado como condición previa y necesaria para el acceso y el mantenimiento en una vivienda. Entonces ¿Por qué se exigen objetivos terapéuticos en las prácticas sociales? Es una pregunta que encierra múltiples paradojas y malentendidos, y a la que trataré de contestar en el presente artículo.

Esta separación entre disciplinas, entre prácticas sociales y terapéuticas, debe ser abordada con la mayor prudencia y detenimiento, ya que si bien se trata de dos disciplinas diferentes, la psicología y la pedagogía, considero imprescindible que exista una conversación entre ambas. Lo cual no implica que se den al mismo tiempo ni en el mismo lugar, ni que sea una la condición de la otra. No obstante existen múltiples maneras de pensar su articulación. Sin ir más lejos, existen por ejemplo prácticas sociales orientadas por la clínica en el campo de las psicosis infantiles con gran éxito y eficacia social, o las múltiples experiencias educativas que se apoyan en la supervisión clínica para poder alojar y acompañar a las personas con enfermedad mental grave que acuden a su servicio. En el mismo sentido, la construcción del caso en red (Ubieto, Barcelona) permite organizar una conversación entre las diferentes disciplinas y servicios que atienden un caso en común, situando los límites y las funciones de cada uno, así como orientando un trabajo común y colaborativo.

En mi opinión, esta cuestión encierra un debate fundamental que debería suscitar, cuanto menos, la inquietud de aquellos profesionales y disciplinas que concurren en el aparato de la red asistencial y los Servicios Sociales. Como señala Alfredo Zenoni, ¿Cuál es la razón misma de la existencia de una institución? “Las instituciones de cuidados y de asistencia existen, antes incluso que para afrontar el “tratar” al sujeto, para acogerlo, ponerlo al abrigo o a distancia, ayudarlo, asistirlo: antes que tener un objetivo terapéutico, es una necesidad social.” Es un deber de humanidad, añade.

Muchas de las prácticas sociales e institucionales que alberga la red asistencial y, en particular, los dispositivos residenciales para personas en situación o riesgo de exclusión social se basan en modelos de reeducación y tratamiento que condicionan de manera muy notable tanto el acceso al servicio como el trabajo de acompañamiento, propiciando en multitud de ocasiones el abandono de estos programas. Se trata, en consecuencia, de profundizar tanto en los límites éticos como en la separación necesaria que existe entre la voluntad terapéutica, a veces feroz, y la función social de acoger y alojar a aquellas personas que se encuentran en una situación extremadamente vulnerable. Mantener esta función “social” es precisamente lo que permite marcar un límite a una voluntad terapéutica que, sin este límite, arriesga transformar la institución en un lugar de alienación, improvisación y de experimentación a ultranza. Quizás no se haya percibido que es a causa de esta confusión entre su función hospitalaria y sus objetivos terapéuticos, por lo que la institución ha podido ser objeto de crítica y de medidas de abolición tanto en el pasado como en el presente. Tenemos muy reciente la experiencia italiana de abolición de los Hospitales psiquiátricos y sus devastadores efectos. En cambio, a las personas sin hogar se les “aplica” generalmente el conocido vulgarmente como “método de la escalera”, a saber, si la persona cumple con las exigencias de “tratamiento” que se le imponen podrá ir ascendiendo progresivamente a mayores niveles de asistencia hasta poder alcanzar una vivienda normalizada. Obviamente, para la gran mayoría no funciona, en consecuencia, cada 6 días muere una persona en la calle en España y su esperanza de vida desciende dramáticamente con respecto al resto de la población.

A continuación expongo uno de entre muchos ejemplos que podemos constatar en nuestra práctica, a modo de ilustrar mejor algunas de las dificultades y obstáculos con las que se encuentra tanto la persona que solicita apoyo como los profesionales y servicios que le atienden. María sigue un tratamiento en un CSM, se encuentra alojada en un albergue y es atendida en un centro de día. Tras solicitar la valoración de exclusión social, necesaria para poder acceder a una plaza en un recurso residencial, acude a una primera entrevista con la responsable del dispositivo asistencial al que ha sido derivada. En esta entrevista se le aconseja cambiar su tratamiento psiquiátrico que será administrado y controlado de ahora en adelante por los educadores del piso, además se le advierte de que “estará vigilada las 24 horas del día” así como que deberá dejar de acudir a los comedores sociales, al centro de día que frecuenta y abandonar las pocas e intermitentes relaciones sociales que mantiene, por considerarlas “tóxicas”. María, que ha hecho un intento de suicidio hace una semana y que desde hace un mes ha visto agravados sus síntomas de paranoia, rechazo y desconfianza, se pone inmediatamente en actitud defensiva. Esto es tomado por la entrevistadora como una actitud de desafío y de “no querer participar del programa”. Los días sucesivos, María se muestra esquiva y evita acudir a las comidas del piso de acogida. De nuevo, la lectura del equipo educativo se traduce en una frase que es dicha a María, “esto no es una pensión, usted aun no está preparada para residir en una vivienda”. A los pocos días, María se hace expulsar del dispositivo quedando expuesta a consecuencias dramáticas, en la calle y sin poder confiar en nadie. Lo que para María podía haber sido tomado como un comienzo, una solicitud de ser alojada y protegida de las dificultades que le perturban, un corte con respecto a la deriva y la errancia a la que de manera repetida ha recurrido en momentos estragantes de su vida, se ha convertido en causa de mayor sufrimiento y desamparo. Por otra parte, lo que podía haber sido leído como la posibilidad de iniciar un trabajo de colaboración entre servicios e instituciones sociales y terapéuticas ha quedado elidido y suprimido al acceder al servicio residencial que ha apostado por centralizar en su seno muchas, sino todas, las facetas de la red que el sujeto había construido, con gran esfuerzo, y que eran parte de su solución particular para afrontar sus dificultades.

Eficacia social y buen pronóstico

Hace aproximadamente dos décadas que se puso en marcha Housing first en los Estados Unidos. Atendiendo a los datos supone una práctica institucional que funciona particularmente bien para aquellas personas que se encuentran en situación de especial gravedad y vulnerabilidad. El modelo Housing first ha sido recientemente puesto en marcha en nuestro territorio por la fundación RAIS bajo el nombre de “programa HÁBITAT”. RAIS ha evaluado los efectos del modelo junto con el Centro de Estudios Económicos de la Fundación Tomillo -en colaboración con la Fundación La Caixa-.  En atención a los datos que presenta en sus informes  llama la atención el hecho de que este modelo resulte más económico que las soluciones asistencialistas convencionales. Una plaza de albergue cuesta de media en España 39,34 euros al día y una vivienda unipersonal de Hábitat –con todo su equipamiento incluido- cuesta 34,01 euros por día. Incluso se ahorra aún más porque se reduce sustancialmente el uso de emergencias sanitarias, instituciones penitenciarias y Administración de Justicia, visitas a médicos, número de hospitalizaciones, uso de ambulancias, intervenciones policiales, servicios de limpieza, servicios de emergencias, etc. 

En este sentido, la seguridad que supone una vivienda así como la confianza que la persona siente depositada en él, hacen que la persona genere procesos que antes eran impensables en las condiciones precedentes. Desde ese hogar las personas se encuentran en una situación nueva, diferente, que les lleva a iniciar otros recorridos y opciones personales como acceder a recursos de formación y empleo, acceder de manera continuada a los servicios sanitarios, recibir una atención psicológica, entrar en programas de deshabituación en el campo de las adicciones, o solicitar prestaciones de discapacidad o vejez, etc. En cualquier caso, se trata de cómo cada persona podrá ocupar un lugar, su lugar, en el mundo. La solución particular de cada uno pasa por considerar que todos necesitamos un espacio y un tiempo para construir nuestro porvenir. Si bien, esto no se puede precipitar ni violentar, si podemos contribuir a generar espacios y prácticas que tengan en cuenta estas dos dimensiones.

A largo plazo, los estudios internacionales demuestran que el proyecto aumenta la calidad de vida general, limita la autopercepción de discapacidad, mejora la salud mental y reduce el uso de sustancias tóxicas.

Cosme Sánchez Alber
Técnico en intervención social
Referencias:

Housing First: una revolución para personas sin hogar. Artículo publicado en el periódico EL PAÍS, el 8 de Octubre de 2015, por Fernando Vidal, Presidente de RAIS Fundación y profesor de la Universidad de Comillas.

El modelo Housing first, una oportunidad para la erradicación del sinhogarismo en la comunidad de Madrid. Informe realizado a través del Grupo de Alojamiento de la Red Madrileña de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, EAPN Madrid, Junio del 2013.

miércoles, 5 de agosto de 2015

La producción teórica en el ejercicio de la Educación Social: la tarea de pensar.


Cosme Sánchez Alber
Técnico en intervención social

RESUMEN: Sostenemos que en el proceso de profesionalización de la Educación Social es necesario poner en valor el trabajo de producción teórica por parte de los profesionales. En este texto proponemos abordar la cuestión de la escritura para pensar nuestra profesión, crearla y contribuir a producir discurso en torno a los interrogantes contemporáneos que emergen de nuestra propia praxis en el campo de la Educación Social.

INTRODUCCIÓN

Toda práctica educativa requiere poder pensarse en tres tiempos:
1.    El instante de ver.
2.    El tiempo de pensar.
3.    El momento de concluir.

Sabemos por nuestras conversaciones con diferentes agentes de la red de atención social que en la realidad de muchos dispositivos de trabajo educativo no existen espacios ni tiempos para poder pensar, y si los hay, acaban siendo devorados por las urgencias de nuestro día a día. En cierto sentido, es habitual que pasemos directamente, y de manera “irreflexiva”, del instante de ver al momento de concluir. Incorporar pues este espacio, este tiempo para pensar, se nos antoja imprescindible para reintroducir algo de comprensión y juicio en la tarea educativa y orientarnos en el trabajo con los otros.

Time is money

Lo que hoy en día impera son aquellos discursos de las soluciones rápidas e instantáneas, también efímeras. Time is Money, no hay tiempo que perder. Respuestas eficaces y eficientes siguiendo las lógicas de la Nueva Gestión Pública. No es extraño que muchos de los dispositivos actuales de atención social propongan poner a circular a los sujetos y a los profesionales en función de unos tiempos marcados y protocolarizados incapaces de acoger las singularidades de unos y otros.

Si algo podemos aprender de la historia más reciente de la educación social es, tras la crisis metodológica de los años 90, la necesidad de crear tiempos y espacios nuevos para atender la particularidad de cada persona, de cada disciplina y de cada profesional. Un tiempo que es el tiempo necesario para que los efectos de una educación puedan acontecer.

El porvenir no está escrito

Los efectos de la educación nos remiten inevitablemente a un porvenir. Esto implica poder situar nuestra labor más allá del momento presente, para construir el futuro de la Educación Social. Decimos entonces que en este proceso que mira al futuro es importante pararnos a pensar en los aportes que el profesional puede hacer, en cada caso, desde su posición particular, y teniendo en cuenta su capacidad para elaborar un saber que tiene, pero que en ocasiones, se queda para sí. Un saber que consideramos de gran valor para el conjunto de la profesión.

Para ello, y como punto de partida, es necesario que el educador social pueda pensar dos cosas:
1.  Considerar que el futuro no está escrito. No existe la última palabra. Nosotras sabemos que el destino no está predeterminado. Muy al contrario, pensamos la educación como un anti-destino en el sentido de apertura de nuevos horizontes y vías inéditas para cada sujeto.
2.    Y en segundo lugar, tener la creencia de que nosotros podemos contribuir de alguna manera a escribir el futuro de la profesión, es decir, autorizarse a tomar la palabra y participar de la construcción colectiva en el discurso de la Educación Social.

Un compromiso con la producción teórica.

El prestigio de una profesión, la Educación Social, demanda de un compromiso con la producción teórica de los educadores sociales. Un compromiso que podemos pensar en dos sentidos. En el sentido de una responsabilidad, un punto ético en relación al lugar al que nos convoca el ejercicio de una profesión tan particular. El educador no es sólo un “hombre de acción”, sino que dentro de digamos sus funciones también se encuentra la de pensar y reflexionar. Por otra parte también sabemos que esto, a algunos educadores, nos pone en un “compromiso”, en el sentido en que nos pone en un apuro, en un aprieto. Pensar puede resultar aterrador.

Retomando las palabras de Hannah Arendt sobre la tarea de pensar, ¿Qué es pensar? Pensar supone ir a lo más profundo, y para ello es necesario separarse de los demás, aislarse. Es además un acto de valentía que implica poner a prueba el discurso de cada uno. No se puede pensar en medio de los demás ya que pensar es entrar en diálogo con uno mismo. Para poder pensar es necesario, pues, incorporar cierto grado de separación, de corte. Arendt afirma que pensar tiene sentido si es un modo de retirarse del mundo para volver a él en la acción, en la toma de la palabra sobre las cosas de este mundo. Pensar para después hablar y actuar.  

“El trabajo de Hannah Arendt como “ejercicio de reflexión política” está enmarcado en la cuestión de la tarea de pensar, entendiendo el pensamiento no como un ejercicio meramente cognoscitivo -en el sentido psicológico o de la lógica clásica- sino como una actividad fundamental del sujeto frente al mundo. Podría decirse que estos ensayos se inscriben en la tradición del Heiddegger de “¿En qué consiste pensar?”, según la cual el pensar corresponde con la búsqueda de la esencia de la problemática humana y de su estar en el mundo.” (Sanabria, 2009, p. 5)

Así mismo, tomamos la escritura como un tiempo que permita conectar algo de nuestra praxis educativa con el cuerpo teórico de nuestra profesión. Un espacio y un tiempo que medie entre el campo de la teoría y la práctica de cada educador social. Una intersección que funciona como punto de encuentro, y que nos remite a un trayecto personal, solitario e íntimo que debemos recorrer uno por uno. El pensamiento, al igual que la escritura, es un acto solitario.

Para ello reivindicamos el papel central de la teoría y la cultura, ya que, en palabras de Violeta Núñez, entendemos por educador social aquel agente capaz de construir, actualizar y transformar aquellos marcos conceptuales desde los que es posible desplegar prácticas pedagógicas en ámbitos sociales. Así que el educador está llamado a adentrarse en los “oscuros” territorios de la teoría y el discurso pedagógico contemporáneo, y en la tarea de su transformación. Podemos pensarlo como un encargo que, en este caso, no procede de la institución sino más bien de la inquietud, el deseo, y la responsabilidad en el ejercicio de nuestro trabajo con el otro.

En el texto “Acción educativa y funciones de los educadores sociales”, Segundo Moyano, su autor, nos advierte de los riesgos y los perjuicios que se derivan tras la ausencia de investigación y reflexión por parte de los educadores sociales en activo.

“La separación entre pedagogía social y educación social, no en términos epistemológicos, sino en aras del corporativismo. Una suerte de circunscripción de la teoría y la práctica de la educación social alejada de su articulación intrínseca. Es decir, dejar la teoría para la universidad y mirarla con recelo, “alejada de la práctica”; y una práctica profesional en el imaginario ingenuo de ser la única conocedora de los problemas de la realidad” (Moyano, 2012, p. 52).

Como señala Segundo Moyano se trata de ser capaces de articular, por un lado, el saber que cae del lado de la práctica con, por otro lado, el saber que está en el campo de la producción teórica. Producir una conversación permanente y productiva entre la Educación Social y la Pedagogía Social. Este fue uno de los debates que se generaron en el pasado Congreso Estatal de Educación Social de Valencia 2012. Esta tarea requiere tender puentes entre ambos mundos, inventar nuevas maneras de pensar la profesión, y hacer posible una formación y una práctica más acordes a la realidad de la Educación Social en nuestros días.

Para ello, el profesional debe ser capaz de autorizarse. Es este un acto del que nadie puede zafarse. Un acto que corresponde a cada profesional, y que toma en cuenta el lugar que cada uno ocupa con respecto al discurso en el que se inscribe, en definitiva, el lugar en el que uno se ocupa como ser hablante. Tomar la palabra implica, según los casos, un desafío y un vértigo que no está exento de dificultades y obstáculos.

En nuestra práctica, no son pocas las ocasiones en las que nos vemos interpelados a preguntamos por nuevos lugares y maniobras que permitan poder alojar a aquellas personas que no pueden seguir los itinerarios marcados, y que nos convocan a nuevas búsquedas. Cada disciplina se ve empujada a reinventarse, a investigar nuevas maneras de pensar la profesión.

¿Por qué escribir?

La escritura se nos muestra como ese intervalo necesario para detener por un instante el tiempo y crear espacios donde poder pensar. Como decía Arendt “separarse del mundo”, tomar una distancia prudente y precisa, aislarse, exiliarse para encontrar un camino de regreso. La escritura nos remite al imaginario de la letra y la palabra, a lo racional y a lo formal, a los contenidos de la educación y al corpus teórico de nuestra disciplina. Pensamos que la escritura nos permite, a su vez, detener el tiempo y poder pensar.

“En este sentido formulamos una hipótesis: decimos que, además de su valor documental y de archivo, la escritura permite abrir condiciones de pensamiento y elaboración de una práctica a partir de producir una lentificación.” (Marani, 2010: 3)

Que la escritura permite una lentificación quiere decir que por medio de la palabra escrita pretendemos abrir un agujero, una brecha, un intervalo. En nuestro trabajo diario, como Ulises, nos vemos seducidos por la emergencia de las sirenas, deslumbrados por el acontecimiento, por la urgencia y la espontaneidad de los actos. Es imprescindible pues poder articular algo de una separación: un corte, una parada, una escisión. Ya que de lo contrario corremos el riesgo de quedar encapsulados en el instante, deambulando en un hacer continuo, fugaz, irreflexivo y voraz.

“La formación de educadores sociales ha venido marcada con la impronta de la acción. Ante ello hemos de tomar cierta posición crítica, pues la acción no ha de confundirse con la empiria, sino asentarse en marcos conceptuales tales que posibiliten la revisión y puesta al día de las prácticas profesionales y hagan obstáculo a la rutinización y al conformismo” Violeta Núñez (2002, 38).

Es cierto, la escritura abre territorios para el pensamiento. Lugares inéditos que pueden ser explorados y desplegar a su vez nuevas búsquedas. Descubrir nuevos caminos por los que uno nunca antes había transitado. Recorrer estos espacios puede hacer emerger algo del orden de lo inesperado, un encuentro quizás fortuito que permita encadenar nuevas miradas y producir ciertos efectos. Sentarse a escribir. Explicarse. Interrogarse. Construir un caso. Discutir con los viejos fantasmas. Dar cuenta de algo de la experiencia. Historizar. Narrar. Ordenar. Nombrar. Elaborar. Detenerse. Pensar.

“Que la escritura produce una lentificación, entonces, quiere decir justamente eso: que por su misma materialidad –distinta a la del habla- requiere de una temporalidad que, entre otras cosas, conlleva sentarse, detenerse, conectar ideas, pasar en limpio, leer, borrar, reescribir, predisponerse de otra manera; en suma, abrir un territorio de pensamiento en torno a algo.“ (Marani, 2010: 3)

Concluyendo

El ejercicio de la educación social se ubica en el trabajo con las personas. Y como sabemos, cada persona es única y singular. Lo particular de cada uno es en definitiva lo que se pone en juego en el acto educativo. Y sabemos que la particularidad es siempre constitutiva de un enigma. Lo particular es lo que no entra en la norma, en la categoría, aquello que hay de impredecible en cada vida humana.

Cada educador tiene un saber sobre su práctica, sobre el dispositivo institucional donde ejerce y la noción de sujeto con la que trabaja. La escritura puede proporcionar un espacio y un tiempo para relacionar críticamente marcos conceptuales y experiencia. Nuevas articulaciones entre la teoría y la práctica que permitan poder pensar, entre otros, sobre 4 aspectos fundamentales en el trabajo con el otro:
·         El sujeto.
·         El agente.
·         Los contenidos teóricos.
·         El marco institucional.

¿Cuál es la noción de sujeto que se postula en el particular dispositivo donde trabajo? ¿Cuál es la función y el lugar del educador social? ¿Qué contenidos y qué corpus teórico se manejan? ¿Cuál es el marco institucional? ¿Cuáles son las contradicciones y paradojas que el propio trabajo educativo conlleva en las configuraciones de lo social? Estas son algunas de las cuestiones sobre las que el educador social que escribe podrá interrogar-se. 

Abordar la cuestión de la escritura para pensar nuestra profesión, crearla y contribuir a producir discurso en torno a los interrogantes contemporáneos que emergen de nuestra propia praxis en el campo de la Educación Social. Se trata entonces de reintroducir algo de la dimensión del enigma y la particularidad de nuestra disciplina.

Para finalizar recordemos, de nuevo, que todo aprendizaje se constituye en base a tres momentos: el instante de ver, el tiempo para comprender y, finalmente, el acto de concluir. Nos hace falta tiempo… pero no cualquier tipo de tiempo. En nuestro caso, se trata de Otro tiempo. Un tiempo lógico que permita comprender antes de concluir. Un tiempo que haga posible hacer emerger algo de nuestra práctica que nos inquiete y que, por esto mismo, nos haga avanzar. Un tiempo para poder pensar a partir de situar en el centro de la reflexión lo no sabido. En definitiva, un tiempo que es Otro.

Cosme Sánchez Alber

Bibliografía:
·  Arendt, Hannah (1996); Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios de reflexión política. Edit. Península.
·     Dubet, Francoise (2006); El declive de la institución. Profesiones, sujetos e individuos en la modernidad. Editorial Gedisa.
·    Landriscini, N. (2010); La desinserción socio-laboral: una perspectiva psicoanalítica. En Fundación Cuina Justa.
·   Marani, Valeria; Sodo, Juan Manuel (2010); Acompañamiento terapéutico y trabajo social en un centro de salud. Revista Cátedra Paralela Nº 7.
·     Moyano, Segundo (2012); Acción educativa y funciones de los educadores sociales. Laboratorio de Educación Social. Editorial UOC.
·     Núñez, V. (2007); Pedagogía Social: un lugar para la educación frente a la asignación social de los destinos. Universidad de Barcelona.
·  Núñez, v. (2002); La educación en tiempos de incertidumbre. Las apuestas de la pedagogía social. Editorial Gedisa.
·    Sanabria, Ángel (2009); Hannah Arendt: crisis de la autoridad y crisis en la educación. Investigación y Postgrado, Vol. 24 Nº 2.