sábado, 2 de enero de 2016

La función social de las instituciones en la atención a las personas sin hogar: un deber de humanidad. El ejemplo de HOUSING FIRST


El proyecto Housing first, en curso en diversos países, permite dar cuenta de la “función social” que debe, a mi juicio, privilegiar la atención social sobre otras líneas del programa institucional en la actualidad y, en particular, en la atención a las personas en situación de vulnerabilidad social y sin hogar. Sin entrar a hacer un estudio pormenorizado y detallado del método si querría situar y localizar algunas cuestiones del mismo, que no han de pasar desapercibidas para aquel que pretenda hacer una lectura atenta y contemporánea de los dispositivos de atención a las personas en situación de sinhogarismo.

En nuestra práctica, no son pocas las ocasiones en las que nos vemos interpelados a preguntarnos por nuevos lugares y maniobras que permitan poder alojar a aquellas personas que no pueden seguir los itinerarios marcados, y que nos convocan a nuevas búsquedas. Cada disciplina se ve empujada a re-inventarse, a investigar nuevas maneras de pensar la profesión, la red asistencial o los dispositivos de atención ciudadana (Salud Mental, educativos, sociales). Hoy, más que nunca, necesitamos espacios, tiempos e iniciativas que hagan posible acoger y promocionar a aquellos que, por diversos motivos, hayan quedado “caídos” del lazo social, es un deber de humanidad. Es este el caso de muchas personas que se encuentran actualmente, hoy, en situación de “sin hogarismo” en nuestro territorio.

En las siguientes líneas trataré de articular algunas cuestiones que quizás nos permitan elucidar otras maneras de tratar la red asistencial ante los impasses de una época marcada por el signo de la fragmentación social, la caída de los ideales reguladores de otro tiempo y el desgaste de las figuras de autoridad que alumbraban las coordenadas del programa institucional durante la modernidad. Haciendo especial hincapié en la función social, de acogida y abrigo, que a mi juicio debe prevalecer en el programa institucional en nuestro trabajo con las personas sin hogar. Para ello tomaré como muestra algunas consideraciones y paradojas que pone sobre la mesa esta experiencia que toma por nombre “housing first”; la casa o el hogar, lo primero.

La función social de las instituciones: un deber de humanidad.

Tradicionalmente, se ha abordado el fenómeno del sinhogarismo como una cuestión de política social, buscándose soluciones a través de dispositivos especializados de alojamiento. No obstante, en los últimos años ha ido creciendo una mayor sensibilidad hacia el papel central de la vivienda en la erradicación del sinhogarismo y su función social. En ese contexto, cada vez es mayor la atención que se le está dando al modelo Housing first como solución a este problema. Se trata de un enfoque que, sin ser revolucionario, subvierte en algunos postulados las intervenciones tradicionales. Este modelo surge en Estados Unidos a principios de los años noventa, por la organización Pathways to Housing. Esta entidad se dirigía exclusivamente a trabajar con personas sin hogar con problemas de adicciones y/o que padecen trastornos de salud mental. El modelo se basa en una intervención temprana en vivienda, proporcionando viviendas asequibles, permanentes y unipersonales a personas que vienen directamente desde la calle o desde dispositivos de emergencia, y ofreciendo un servicio de apoyo y acompañamiento social y de salud intensivo. Este modelo tiene como objetivo prioritario alojar a la persona en una vivienda estable tan pronto como sea posible, con estos principios básicos:
  •          Es una elección del usuario.
  •          Separación de vivienda y servicios de tratamiento.
  •          Ofrecer servicios que promuevan la recuperación.
  •          Integración en la comunidad.
  •          Práctica basada en hechos.

Este modelo privilegia la función social -de acogida- de los servicios residenciales y por extensión de las instituciones, poniéndola en primer plano. Distanciándose de los enfoques tradicionales de intervención residencial, basados en el “modelo de escalera”, la reeducación o los itinerarios residenciales, donde la vivienda estable es el objetivo final del proceso de integración, y las personas sin hogar pasan por distintas etapas (centros de acogida o albergues, pisos tutelados de corta, media y larga estancia, pisos de mayor autonomía, etc.) antes de “estar preparadas” para ser alojadas. Esta estrategia de escalera ha sido seguida tradicionalmente por muchos países europeos, incluido España.


En el campo de la exclusión social es necesario tomar muy en serio que lo que está en primer plano es una dificultad subjetiva, a veces estructural, para hacer con el lazo social. En muchas ocasiones se trata precisamente de personas con una problemática asociada a la salud mental. En este sentido se trata de crear “espacios de vida” o, dicho de otra manera, unas instituciones que posibiliten de entrada, y de manera prioritaria, acoger a las personas de manera un tanto incondicional, en una atmósfera de seguridad, calidez y apoyo, de tal forma que la persona pueda tener un tiempo y un espacio desde el cual poder iniciar ciertos recorridos sociales. Podemos entonces considerar esta función de hospitalidad, de deber de humanidad, como aquella tarea que se encuentra en el lugar central de lo que es deseable ofrecer a nuestros ciudadanos. Acoger, de manera incondicional, a aquellos que se encuentran sin hogar, sin casa, desalojados de un espacio tan imprescindible como esencial para poder construir un porvenir, un proyecto de vida, una vida digna y privada.

El programa desarrollado por Pathways to Housing contiene los siguientes elementos clave:
  •     Se dirige exclusivamente a personas que sufren de enfermedades mentales y trastornos de adicción.
  •        Proporciona acceso inmediato a una vivienda asequible y permanente directamente desde la calle o desde los dispositivos de emergencia.
  •        A los usuarios se les recomienda la participación en un tratamiento de salud mental y/o en la reducción de las drogas y el consumo de alcohol, pero no es obligatoria para el acceso a la vivienda o para que puedan mantenerse en la vivienda y recibir apoyo social.
  •       La vivienda se proporciona a través de un contrato de arrendamiento sin límite de tiempo, y la prestación del servicio está disponible todo el tiempo que sea necesario. La vivienda y el apoyo social se mantienen independientes entre sí.

En este sentido, el modelo Housing first plantea una separación muy interesante a la par que necesaria y contundente entre lo terapéutico y lo social. Dando a entender que si bien ambas tareas son compatibles también es cierto que se corresponden con momentos y tiempos distintos. Separar ambas perspectivas permite pensar los recursos residenciales para las personas sin hogar desde un prisma diferente a la actual lógica predominante. Además, tanto para la una como para la otra, es necesario e imprescindible contar con el consentimiento del sujeto. Un sujeto de derechos, un ciudadano de pleno derecho que solicita, siguiendo los trámites necesarios, ser puesto al abrigo en una institución. Baste decir que en el contexto actual de los servicios residenciales tienden a confundirse estos dos campos, lo terapéutico y lo social, como si formaran parte de una unidad indisoluble y amalgamada.

Separar el acto “terapéutico” del acto “social”

En la actualidad existe una peligrosa tendencia a confundir y solapar el acto terapéutico con el acto social, más propio de las prácticas educativas. Dicho de otra manera, para que una persona (cualquiera de nosotros) pueda solicitar un tratamiento y decidirse a llevar a cabo un trabajo personal que le permita sostenerse mejor en el lazo social debe antes existir un previo, una demanda. Poder sostener la posibilidad y la confianza de que algunos de los malestares que uno experimenta puedan ser abordados en el encuentro con un otro, bien sea éste un profesional, un servicio o un dispositivo de atención socio-sanitaria.

En el campo de la exclusión social, podemos agregar que hay ciertas demandas implícitas que necesitan de un tiempo, siempre subjetivo, para poder constituir un llamado al otro. Es el tiempo que se deduce de tener unos mínimos apoyos económicos y sociales, como por ejemplo, tener una vivienda, un espacio, un lugar propio donde sentirse seguro y desde el cual poder comenzar otros caminos. No se entiende, pues, no se deduce automáticamente que en los dispositivos residenciales se opte por unas metodologías que condicionan la estancia a unos objetivos terapéuticos que se imponen de entrada y por igual a cada persona, sin tener en cuenta la particularidad de cada caso. Todos estaremos de acuerdo en afirmar que el acceso a un tratamiento no debe ser tomado como condición previa y necesaria para el acceso y el mantenimiento en una vivienda. Entonces ¿Por qué se exigen objetivos terapéuticos en las prácticas sociales? Es una pregunta que encierra múltiples paradojas y malentendidos, y a la que trataré de contestar en el presente artículo.

Esta separación entre disciplinas, entre prácticas sociales y terapéuticas, debe ser abordada con la mayor prudencia y detenimiento, ya que si bien se trata de dos disciplinas diferentes, la psicología y la pedagogía, considero imprescindible que exista una conversación entre ambas. Lo cual no implica que se den al mismo tiempo ni en el mismo lugar, ni que sea una la condición de la otra. No obstante existen múltiples maneras de pensar su articulación. Sin ir más lejos, existen por ejemplo prácticas sociales orientadas por la clínica en el campo de las psicosis infantiles con gran éxito y eficacia social, o las múltiples experiencias educativas que se apoyan en la supervisión clínica para poder alojar y acompañar a las personas con enfermedad mental grave que acuden a su servicio. En el mismo sentido, la construcción del caso en red (Ubieto, Barcelona) permite organizar una conversación entre las diferentes disciplinas y servicios que atienden un caso en común, situando los límites y las funciones de cada uno, así como orientando un trabajo común y colaborativo.

En mi opinión, esta cuestión encierra un debate fundamental que debería suscitar, cuanto menos, la inquietud de aquellos profesionales y disciplinas que concurren en el aparato de la red asistencial y los Servicios Sociales. Como señala Alfredo Zenoni, ¿Cuál es la razón misma de la existencia de una institución? “Las instituciones de cuidados y de asistencia existen, antes incluso que para afrontar el “tratar” al sujeto, para acogerlo, ponerlo al abrigo o a distancia, ayudarlo, asistirlo: antes que tener un objetivo terapéutico, es una necesidad social.” Es un deber de humanidad, añade.

Muchas de las prácticas sociales e institucionales que alberga la red asistencial y, en particular, los dispositivos residenciales para personas en situación o riesgo de exclusión social se basan en modelos de reeducación y tratamiento que condicionan de manera muy notable tanto el acceso al servicio como el trabajo de acompañamiento, propiciando en multitud de ocasiones el abandono de estos programas. Se trata, en consecuencia, de profundizar tanto en los límites éticos como en la separación necesaria que existe entre la voluntad terapéutica, a veces feroz, y la función social de acoger y alojar a aquellas personas que se encuentran en una situación extremadamente vulnerable. Mantener esta función “social” es precisamente lo que permite marcar un límite a una voluntad terapéutica que, sin este límite, arriesga transformar la institución en un lugar de alienación, improvisación y de experimentación a ultranza. Quizás no se haya percibido que es a causa de esta confusión entre su función hospitalaria y sus objetivos terapéuticos, por lo que la institución ha podido ser objeto de crítica y de medidas de abolición tanto en el pasado como en el presente. Tenemos muy reciente la experiencia italiana de abolición de los Hospitales psiquiátricos y sus devastadores efectos. En cambio, a las personas sin hogar se les “aplica” generalmente el conocido vulgarmente como “método de la escalera”, a saber, si la persona cumple con las exigencias de “tratamiento” que se le imponen podrá ir ascendiendo progresivamente a mayores niveles de asistencia hasta poder alcanzar una vivienda normalizada. Obviamente, para la gran mayoría no funciona, en consecuencia, cada 6 días muere una persona en la calle en España y su esperanza de vida desciende dramáticamente con respecto al resto de la población.

A continuación expongo uno de entre muchos ejemplos que podemos constatar en nuestra práctica, a modo de ilustrar mejor algunas de las dificultades y obstáculos con las que se encuentra tanto la persona que solicita apoyo como los profesionales y servicios que le atienden. María sigue un tratamiento en un CSM, se encuentra alojada en un albergue y es atendida en un centro de día. Tras solicitar la valoración de exclusión social, necesaria para poder acceder a una plaza en un recurso residencial, acude a una primera entrevista con la responsable del dispositivo asistencial al que ha sido derivada. En esta entrevista se le aconseja cambiar su tratamiento psiquiátrico que será administrado y controlado de ahora en adelante por los educadores del piso, además se le advierte de que “estará vigilada las 24 horas del día” así como que deberá dejar de acudir a los comedores sociales, al centro de día que frecuenta y abandonar las pocas e intermitentes relaciones sociales que mantiene, por considerarlas “tóxicas”. María, que ha hecho un intento de suicidio hace una semana y que desde hace un mes ha visto agravados sus síntomas de paranoia, rechazo y desconfianza, se pone inmediatamente en actitud defensiva. Esto es tomado por la entrevistadora como una actitud de desafío y de “no querer participar del programa”. Los días sucesivos, María se muestra esquiva y evita acudir a las comidas del piso de acogida. De nuevo, la lectura del equipo educativo se traduce en una frase que es dicha a María, “esto no es una pensión, usted aun no está preparada para residir en una vivienda”. A los pocos días, María se hace expulsar del dispositivo quedando expuesta a consecuencias dramáticas, en la calle y sin poder confiar en nadie. Lo que para María podía haber sido tomado como un comienzo, una solicitud de ser alojada y protegida de las dificultades que le perturban, un corte con respecto a la deriva y la errancia a la que de manera repetida ha recurrido en momentos estragantes de su vida, se ha convertido en causa de mayor sufrimiento y desamparo. Por otra parte, lo que podía haber sido leído como la posibilidad de iniciar un trabajo de colaboración entre servicios e instituciones sociales y terapéuticas ha quedado elidido y suprimido al acceder al servicio residencial que ha apostado por centralizar en su seno muchas, sino todas, las facetas de la red que el sujeto había construido, con gran esfuerzo, y que eran parte de su solución particular para afrontar sus dificultades.

Eficacia social y buen pronóstico

Hace aproximadamente dos décadas que se puso en marcha Housing first en los Estados Unidos. Atendiendo a los datos supone una práctica institucional que funciona particularmente bien para aquellas personas que se encuentran en situación de especial gravedad y vulnerabilidad. El modelo Housing first ha sido recientemente puesto en marcha en nuestro territorio por la fundación RAIS bajo el nombre de “programa HÁBITAT”. RAIS ha evaluado los efectos del modelo junto con el Centro de Estudios Económicos de la Fundación Tomillo -en colaboración con la Fundación La Caixa-.  En atención a los datos que presenta en sus informes  llama la atención el hecho de que este modelo resulte más económico que las soluciones asistencialistas convencionales. Una plaza de albergue cuesta de media en España 39,34 euros al día y una vivienda unipersonal de Hábitat –con todo su equipamiento incluido- cuesta 34,01 euros por día. Incluso se ahorra aún más porque se reduce sustancialmente el uso de emergencias sanitarias, instituciones penitenciarias y Administración de Justicia, visitas a médicos, número de hospitalizaciones, uso de ambulancias, intervenciones policiales, servicios de limpieza, servicios de emergencias, etc. 

En este sentido, la seguridad que supone una vivienda así como la confianza que la persona siente depositada en él, hacen que la persona genere procesos que antes eran impensables en las condiciones precedentes. Desde ese hogar las personas se encuentran en una situación nueva, diferente, que les lleva a iniciar otros recorridos y opciones personales como acceder a recursos de formación y empleo, acceder de manera continuada a los servicios sanitarios, recibir una atención psicológica, entrar en programas de deshabituación en el campo de las adicciones, o solicitar prestaciones de discapacidad o vejez, etc. En cualquier caso, se trata de cómo cada persona podrá ocupar un lugar, su lugar, en el mundo. La solución particular de cada uno pasa por considerar que todos necesitamos un espacio y un tiempo para construir nuestro porvenir. Si bien, esto no se puede precipitar ni violentar, si podemos contribuir a generar espacios y prácticas que tengan en cuenta estas dos dimensiones.

A largo plazo, los estudios internacionales demuestran que el proyecto aumenta la calidad de vida general, limita la autopercepción de discapacidad, mejora la salud mental y reduce el uso de sustancias tóxicas.

Cosme Sánchez Alber
Técnico en intervención social
Referencias:

Housing First: una revolución para personas sin hogar. Artículo publicado en el periódico EL PAÍS, el 8 de Octubre de 2015, por Fernando Vidal, Presidente de RAIS Fundación y profesor de la Universidad de Comillas.

El modelo Housing first, una oportunidad para la erradicación del sinhogarismo en la comunidad de Madrid. Informe realizado a través del Grupo de Alojamiento de la Red Madrileña de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, EAPN Madrid, Junio del 2013.

miércoles, 5 de agosto de 2015

La producción teórica en el ejercicio de la Educación Social: la tarea de pensar.


Cosme Sánchez Alber
Técnico en intervención social

RESUMEN: Sostenemos que en el proceso de profesionalización de la Educación Social es necesario poner en valor el trabajo de producción teórica por parte de los profesionales. En este texto proponemos abordar la cuestión de la escritura para pensar nuestra profesión, crearla y contribuir a producir discurso en torno a los interrogantes contemporáneos que emergen de nuestra propia praxis en el campo de la Educación Social.

INTRODUCCIÓN

Toda práctica educativa requiere poder pensarse en tres tiempos:
1.    El instante de ver.
2.    El tiempo de pensar.
3.    El momento de concluir.

Sabemos por nuestras conversaciones con diferentes agentes de la red de atención social que en la realidad de muchos dispositivos de trabajo educativo no existen espacios ni tiempos para poder pensar, y si los hay, acaban siendo devorados por las urgencias de nuestro día a día. En cierto sentido, es habitual que pasemos directamente, y de manera “irreflexiva”, del instante de ver al momento de concluir. Incorporar pues este espacio, este tiempo para pensar, se nos antoja imprescindible para reintroducir algo de comprensión y juicio en la tarea educativa y orientarnos en el trabajo con los otros.

Time is money

Lo que hoy en día impera son aquellos discursos de las soluciones rápidas e instantáneas, también efímeras. Time is Money, no hay tiempo que perder. Respuestas eficaces y eficientes siguiendo las lógicas de la Nueva Gestión Pública. No es extraño que muchos de los dispositivos actuales de atención social propongan poner a circular a los sujetos y a los profesionales en función de unos tiempos marcados y protocolarizados incapaces de acoger las singularidades de unos y otros.

Si algo podemos aprender de la historia más reciente de la educación social es, tras la crisis metodológica de los años 90, la necesidad de crear tiempos y espacios nuevos para atender la particularidad de cada persona, de cada disciplina y de cada profesional. Un tiempo que es el tiempo necesario para que los efectos de una educación puedan acontecer.

El porvenir no está escrito

Los efectos de la educación nos remiten inevitablemente a un porvenir. Esto implica poder situar nuestra labor más allá del momento presente, para construir el futuro de la Educación Social. Decimos entonces que en este proceso que mira al futuro es importante pararnos a pensar en los aportes que el profesional puede hacer, en cada caso, desde su posición particular, y teniendo en cuenta su capacidad para elaborar un saber que tiene, pero que en ocasiones, se queda para sí. Un saber que consideramos de gran valor para el conjunto de la profesión.

Para ello, y como punto de partida, es necesario que el educador social pueda pensar dos cosas:
1.  Considerar que el futuro no está escrito. No existe la última palabra. Nosotras sabemos que el destino no está predeterminado. Muy al contrario, pensamos la educación como un anti-destino en el sentido de apertura de nuevos horizontes y vías inéditas para cada sujeto.
2.    Y en segundo lugar, tener la creencia de que nosotros podemos contribuir de alguna manera a escribir el futuro de la profesión, es decir, autorizarse a tomar la palabra y participar de la construcción colectiva en el discurso de la Educación Social.

Un compromiso con la producción teórica.

El prestigio de una profesión, la Educación Social, demanda de un compromiso con la producción teórica de los educadores sociales. Un compromiso que podemos pensar en dos sentidos. En el sentido de una responsabilidad, un punto ético en relación al lugar al que nos convoca el ejercicio de una profesión tan particular. El educador no es sólo un “hombre de acción”, sino que dentro de digamos sus funciones también se encuentra la de pensar y reflexionar. Por otra parte también sabemos que esto, a algunos educadores, nos pone en un “compromiso”, en el sentido en que nos pone en un apuro, en un aprieto. Pensar puede resultar aterrador.

Retomando las palabras de Hannah Arendt sobre la tarea de pensar, ¿Qué es pensar? Pensar supone ir a lo más profundo, y para ello es necesario separarse de los demás, aislarse. Es además un acto de valentía que implica poner a prueba el discurso de cada uno. No se puede pensar en medio de los demás ya que pensar es entrar en diálogo con uno mismo. Para poder pensar es necesario, pues, incorporar cierto grado de separación, de corte. Arendt afirma que pensar tiene sentido si es un modo de retirarse del mundo para volver a él en la acción, en la toma de la palabra sobre las cosas de este mundo. Pensar para después hablar y actuar.  

“El trabajo de Hannah Arendt como “ejercicio de reflexión política” está enmarcado en la cuestión de la tarea de pensar, entendiendo el pensamiento no como un ejercicio meramente cognoscitivo -en el sentido psicológico o de la lógica clásica- sino como una actividad fundamental del sujeto frente al mundo. Podría decirse que estos ensayos se inscriben en la tradición del Heiddegger de “¿En qué consiste pensar?”, según la cual el pensar corresponde con la búsqueda de la esencia de la problemática humana y de su estar en el mundo.” (Sanabria, 2009, p. 5)

Así mismo, tomamos la escritura como un tiempo que permita conectar algo de nuestra praxis educativa con el cuerpo teórico de nuestra profesión. Un espacio y un tiempo que medie entre el campo de la teoría y la práctica de cada educador social. Una intersección que funciona como punto de encuentro, y que nos remite a un trayecto personal, solitario e íntimo que debemos recorrer uno por uno. El pensamiento, al igual que la escritura, es un acto solitario.

Para ello reivindicamos el papel central de la teoría y la cultura, ya que, en palabras de Violeta Núñez, entendemos por educador social aquel agente capaz de construir, actualizar y transformar aquellos marcos conceptuales desde los que es posible desplegar prácticas pedagógicas en ámbitos sociales. Así que el educador está llamado a adentrarse en los “oscuros” territorios de la teoría y el discurso pedagógico contemporáneo, y en la tarea de su transformación. Podemos pensarlo como un encargo que, en este caso, no procede de la institución sino más bien de la inquietud, el deseo, y la responsabilidad en el ejercicio de nuestro trabajo con el otro.

En el texto “Acción educativa y funciones de los educadores sociales”, Segundo Moyano, su autor, nos advierte de los riesgos y los perjuicios que se derivan tras la ausencia de investigación y reflexión por parte de los educadores sociales en activo.

“La separación entre pedagogía social y educación social, no en términos epistemológicos, sino en aras del corporativismo. Una suerte de circunscripción de la teoría y la práctica de la educación social alejada de su articulación intrínseca. Es decir, dejar la teoría para la universidad y mirarla con recelo, “alejada de la práctica”; y una práctica profesional en el imaginario ingenuo de ser la única conocedora de los problemas de la realidad” (Moyano, 2012, p. 52).

Como señala Segundo Moyano se trata de ser capaces de articular, por un lado, el saber que cae del lado de la práctica con, por otro lado, el saber que está en el campo de la producción teórica. Producir una conversación permanente y productiva entre la Educación Social y la Pedagogía Social. Este fue uno de los debates que se generaron en el pasado Congreso Estatal de Educación Social de Valencia 2012. Esta tarea requiere tender puentes entre ambos mundos, inventar nuevas maneras de pensar la profesión, y hacer posible una formación y una práctica más acordes a la realidad de la Educación Social en nuestros días.

Para ello, el profesional debe ser capaz de autorizarse. Es este un acto del que nadie puede zafarse. Un acto que corresponde a cada profesional, y que toma en cuenta el lugar que cada uno ocupa con respecto al discurso en el que se inscribe, en definitiva, el lugar en el que uno se ocupa como ser hablante. Tomar la palabra implica, según los casos, un desafío y un vértigo que no está exento de dificultades y obstáculos.

En nuestra práctica, no son pocas las ocasiones en las que nos vemos interpelados a preguntamos por nuevos lugares y maniobras que permitan poder alojar a aquellas personas que no pueden seguir los itinerarios marcados, y que nos convocan a nuevas búsquedas. Cada disciplina se ve empujada a reinventarse, a investigar nuevas maneras de pensar la profesión.

¿Por qué escribir?

La escritura se nos muestra como ese intervalo necesario para detener por un instante el tiempo y crear espacios donde poder pensar. Como decía Arendt “separarse del mundo”, tomar una distancia prudente y precisa, aislarse, exiliarse para encontrar un camino de regreso. La escritura nos remite al imaginario de la letra y la palabra, a lo racional y a lo formal, a los contenidos de la educación y al corpus teórico de nuestra disciplina. Pensamos que la escritura nos permite, a su vez, detener el tiempo y poder pensar.

“En este sentido formulamos una hipótesis: decimos que, además de su valor documental y de archivo, la escritura permite abrir condiciones de pensamiento y elaboración de una práctica a partir de producir una lentificación.” (Marani, 2010: 3)

Que la escritura permite una lentificación quiere decir que por medio de la palabra escrita pretendemos abrir un agujero, una brecha, un intervalo. En nuestro trabajo diario, como Ulises, nos vemos seducidos por la emergencia de las sirenas, deslumbrados por el acontecimiento, por la urgencia y la espontaneidad de los actos. Es imprescindible pues poder articular algo de una separación: un corte, una parada, una escisión. Ya que de lo contrario corremos el riesgo de quedar encapsulados en el instante, deambulando en un hacer continuo, fugaz, irreflexivo y voraz.

“La formación de educadores sociales ha venido marcada con la impronta de la acción. Ante ello hemos de tomar cierta posición crítica, pues la acción no ha de confundirse con la empiria, sino asentarse en marcos conceptuales tales que posibiliten la revisión y puesta al día de las prácticas profesionales y hagan obstáculo a la rutinización y al conformismo” Violeta Núñez (2002, 38).

Es cierto, la escritura abre territorios para el pensamiento. Lugares inéditos que pueden ser explorados y desplegar a su vez nuevas búsquedas. Descubrir nuevos caminos por los que uno nunca antes había transitado. Recorrer estos espacios puede hacer emerger algo del orden de lo inesperado, un encuentro quizás fortuito que permita encadenar nuevas miradas y producir ciertos efectos. Sentarse a escribir. Explicarse. Interrogarse. Construir un caso. Discutir con los viejos fantasmas. Dar cuenta de algo de la experiencia. Historizar. Narrar. Ordenar. Nombrar. Elaborar. Detenerse. Pensar.

“Que la escritura produce una lentificación, entonces, quiere decir justamente eso: que por su misma materialidad –distinta a la del habla- requiere de una temporalidad que, entre otras cosas, conlleva sentarse, detenerse, conectar ideas, pasar en limpio, leer, borrar, reescribir, predisponerse de otra manera; en suma, abrir un territorio de pensamiento en torno a algo.“ (Marani, 2010: 3)

Concluyendo

El ejercicio de la educación social se ubica en el trabajo con las personas. Y como sabemos, cada persona es única y singular. Lo particular de cada uno es en definitiva lo que se pone en juego en el acto educativo. Y sabemos que la particularidad es siempre constitutiva de un enigma. Lo particular es lo que no entra en la norma, en la categoría, aquello que hay de impredecible en cada vida humana.

Cada educador tiene un saber sobre su práctica, sobre el dispositivo institucional donde ejerce y la noción de sujeto con la que trabaja. La escritura puede proporcionar un espacio y un tiempo para relacionar críticamente marcos conceptuales y experiencia. Nuevas articulaciones entre la teoría y la práctica que permitan poder pensar, entre otros, sobre 4 aspectos fundamentales en el trabajo con el otro:
·         El sujeto.
·         El agente.
·         Los contenidos teóricos.
·         El marco institucional.

¿Cuál es la noción de sujeto que se postula en el particular dispositivo donde trabajo? ¿Cuál es la función y el lugar del educador social? ¿Qué contenidos y qué corpus teórico se manejan? ¿Cuál es el marco institucional? ¿Cuáles son las contradicciones y paradojas que el propio trabajo educativo conlleva en las configuraciones de lo social? Estas son algunas de las cuestiones sobre las que el educador social que escribe podrá interrogar-se. 

Abordar la cuestión de la escritura para pensar nuestra profesión, crearla y contribuir a producir discurso en torno a los interrogantes contemporáneos que emergen de nuestra propia praxis en el campo de la Educación Social. Se trata entonces de reintroducir algo de la dimensión del enigma y la particularidad de nuestra disciplina.

Para finalizar recordemos, de nuevo, que todo aprendizaje se constituye en base a tres momentos: el instante de ver, el tiempo para comprender y, finalmente, el acto de concluir. Nos hace falta tiempo… pero no cualquier tipo de tiempo. En nuestro caso, se trata de Otro tiempo. Un tiempo lógico que permita comprender antes de concluir. Un tiempo que haga posible hacer emerger algo de nuestra práctica que nos inquiete y que, por esto mismo, nos haga avanzar. Un tiempo para poder pensar a partir de situar en el centro de la reflexión lo no sabido. En definitiva, un tiempo que es Otro.

Cosme Sánchez Alber

Bibliografía:
·  Arendt, Hannah (1996); Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios de reflexión política. Edit. Península.
·     Dubet, Francoise (2006); El declive de la institución. Profesiones, sujetos e individuos en la modernidad. Editorial Gedisa.
·    Landriscini, N. (2010); La desinserción socio-laboral: una perspectiva psicoanalítica. En Fundación Cuina Justa.
·   Marani, Valeria; Sodo, Juan Manuel (2010); Acompañamiento terapéutico y trabajo social en un centro de salud. Revista Cátedra Paralela Nº 7.
·     Moyano, Segundo (2012); Acción educativa y funciones de los educadores sociales. Laboratorio de Educación Social. Editorial UOC.
·     Núñez, V. (2007); Pedagogía Social: un lugar para la educación frente a la asignación social de los destinos. Universidad de Barcelona.
·  Núñez, v. (2002); La educación en tiempos de incertidumbre. Las apuestas de la pedagogía social. Editorial Gedisa.
·    Sanabria, Ángel (2009); Hannah Arendt: crisis de la autoridad y crisis en la educación. Investigación y Postgrado, Vol. 24 Nº 2.


martes, 14 de julio de 2015

Lo que hacemos o DEJAMOS DE HACER , influye mucho más de lo que nos gusta pensar

La Educación Social  se mueve en un contexto en continuo movimiento... realidades cambiantes, necesidades emergentes...... y hoy podemos decir que más que nunca,  ya nadie niega la evidencia , nos encontramos en un cambio social estructural , ya desde hace años. Esta situación me genera cierto desasosiego en el desempeño de mi profesión y voy a tratar de explicar porqué.
Un texto de Zygmunt Bauman sobre la globalización me ha ayudado un poco.

Para Bauman, La Globalización no tiene marcha atrás," por muy limitadas localmente que sean nuestras intenciones y acciones  , errariamos si no tuviesen en cuenta los factores globales  pueden decidir el éxito o el fracaso de nuestras acciones".." lo que hacemos o dejamos de hacer pueden influir en las condiciones de vida  ( o de muerte) de gente que vive en lugares que nunca visitaremos y de generaciones que no conoceremos".

El problema es que "esta globalidad es principalmente, sino únicamente la globalidad del capital, las finanzas, el comercio" y estos elementos o fuerzas decisivas están condicionando y menoscabando la libertad de elección y la eficacia de las relaciones humanas , escapando y escalando por encima de cualquier control democrático.

Y en este contexto y esta situación , nos encontramos nosotros y nosotras , profesionales de la ayuda, tratando de "remediar?" "arreglar?"," solucionar?"..,  con  "tiritas" las heridas que se van abriendo en un "cuerpo en descomposición" que requeriría cirugía mayor. Porque y  siguiendo a Max Weber , refiriendose al capitalismo, se da una grave "separación de la actividad económica de lo doméstico , donde lo doméstico significa la densa red de derechos y obligaciones mutuas mantenenidas por las comunidades rurales y urbanas, por las asociaciones, familias, vecinos.....". Lo "doméstico", osea, el cuidado , la atención, el bienestar de la persona , el ciudadano y cuidadana y su vida, en nuestro contexto actual, quedan relegados al un ultimísimo plano y por supuestos las redes, relaciones, vínculos  que posibilitaban este cuidado, destruidas.

Yo creo que como agentes sociales, tenemos la responsabilidad de hacer una constante lectura de la realidad primero , una lectura crítica, para saber lo que estamos haciendo y saber la posición que ocupamos
" lo que hacemos o DEJAMOS DE HACER, influye mucho más de lo que podemos pensar".

Una vez que tomamos conciencia, y posición personalmente , seguro que podemos cambiar nuestros focos en las intervenciones , proponiendo alternativas distintas,cada uno y una de nosotras desde su lugar en la profesión, aunque tengamos que poner " tiritas" en algunas ocasiones, 

Bauman dice que "no hay marcha atrás en la globalidad", bien , eso para mí significa , entre otras cosas, que las respuestas que hasta ahora se han ofrecido y se siguen ofreciendo para parar la "sangría" social que se está produciendo, ya no sirven y significa también que primero como ciudadana y después como profesionall de la Educación Social tengo una responsabilidad con el momento que me toca vivir.

La Educación Social tiene la responsabilidad de poner nuevamente el foco en lo "doméstico" y a los y las profesionales poner las energías , desde una visión global y crítica , en nuestros círculos de influencia , o como solemos decir  .
 DEJEMONOS DE PREOCUPARNOS Y EMPECEMOS A OCUPARNOS.

Inés - Educadora Social

martes, 24 de marzo de 2015

LOS CORSÉS , NOS IMPIDEN PARTICIPAR EN LAS VIDAS QUE ACOMPAÑAMOS







Cuando a menudo me han preguntado mi familia, amigas...., en que consistía mi trabajo, la manera más sencilla y real de contestar ha sido "acompañar a las personas, familias,grupos en su vida cotidiana para mejorar su calidad de vida" . Es una respuesta simple que podríamos enriquecer ampliamente.

Sin embargo, lo que quiero resaltar es lo que hace referencia a la vida cotidiana .

Acompañar en la vida cotidiana a las personas, o al menos en algunas de sus facetas, requiere cierta flexibilidad  no solo en la intervención, sino en algo tan simple como son  los horarios. No somos funcionarixs, basamos nuestro trabajo en la relación, en el vínculo, en la presencia, escucha.... y esto requiere cierta predisposiciòn para estar cuando hay que estar : a la hora de comer.... a las salidas de los trabajos....., acompañar a citas o gestiones varias .

 normalmente no ha habido problemas para que lxs educadorxes hayamos ido haciendo "cintura" para adaptarnos a las necesidades de las personas , los procesos y los horarios  ( casi siempre más por exceso que por defecto). Bien es verdad que poco a poco estos horarios, inicialmente muy abiertos,  se han ido regularizando porque lxs educadorxs también tenemos vida propia, familia, y es necesario adecuar y ajustar horarios, pero siempre teniendo en cuenta esta flexibilidad necesaria.

Por eso, no solamente no entiendo sino que además me enfada sobremanera, cuando por exigencias de contrato de la entidad con la administración , las tardes que trabajamos , si o si , han de ser hasta la 8 y además , si o si, hemos de trabajar al menos un viernes por mes, dependiendo del número de trabajadorxs,  también hasta las 8.

En más de una ocasión cuando por la actividad , el proceso, la necesidad en la intervención lo han requerido hemos trabajado hasta esas horas , incluidos viernes , sábados....., pero no porque sí , sino porque la intervención individual, grupal o lo que fuera, así lo requería.

¿somos un servicio de urgencia? no ; somos un servicio de atención a público?no  ¿entonces?

Algunas reflexiones a las que me lleva esta situación 
  •  Tengo hipotecadas  unas cuantas horas porque sí, por exigencias de contrato, sin flexibilización posible , que evidentemente las tengo que quitar de  momentos requeridos y necesarios de la intervención .
  • Un viernes a las 7,30 las familias están en sus casas, descansando, los y las niñas también y los adolescentes y jóvenes disfrutando ya del fin de semana. Puede que haya alguna actividad programada , esta actividad se va a realizar , como siempre se ha hecho. 
  • Un viernes a las 7,30 sin una actividad concreta, yo, personalmente " me voy arrastrando cuál babosa". 
  • Si esto es así, sin posibilidad de modificar, ni variar, me lleva a decidir que no flexibilizaré en ninguna franja horaria, por ejemplo en la hora de comida, habitual para poder ver a toda la familia o a los adultos porque es el único momento libre, o a las 8 de un día cualquiera cuando salen del trabajo, o a las 8,30 de la mañana porque hay que acompañar a alguna gestión o hay alguna reunión de coordinación.(si están fuera de mi horario establecido)..., es decir si no existe la posibilidad de flexibilizar en unos márgenes tampoco en otros. Si  hemos de atenernos a unos horarios cerrados, pues lo hacemos. Ahora bien, quién sale perjudicado con estas medidas? evidentemente los y las ususarixs ¿A alguién de importa esto? me temo que no. Me adecuo a mi horario y no me salgo un ápice , osea, nos convertimos en funcionarios y funcionarias, sin serlo claro.

Y por otra parte, ¿dónde quedan esas cosas que oímos a menudo de la conciliación familiar? ¿cuidados a los y las trabajadoras para motivar, alentar la calidad del trabajo, máxime cuando, como en nuestro caso, somos profesionales en que nuestra herramienta de trabajo somos nosotros y nosotras mismas que hemos de cuidar para poder acompañar a personas en contextos a veces muy difíciles, si no tenemos flexibilidad para atender adecuadamente las necesidades de las intervenciones (no olvidemos, siempre distintas) y además cuidarnos nosotros y nosotras?.

Enfín! llevo trabajando muchos años en una profesión para mí vocacional , elegida , me gusta, me sigue gustando, me sigue retando cada vez, pero de verdad con estas tonterías que cada vez nos "encorsetan" más y más , en un afán de controlar cada vez más todo y a todos, no sé que pensar.....

Inés - Educadora Social  (cada vez más cabreada)

lunes, 2 de febrero de 2015

en tiempos grises, una sonora risa






El sábado pasado , gris, lluvioso, frio, ...feo , me fui al encuentro que habíamos previsto las gentes de Aldarrikatu. La verdad es que la pereza y cierto desánimo me invadían. No estaba muy segura del "quorum " que íbamos a tener... Soy muy consciente que en nuestra profesión el día a día "nos come", entre las situaciones difíciles por las que traviesan las gentes que habitualmente acompañamos; el "clima" social que nos inunda  , la cada vez mayor precariedad para todos y todas y que personalmente también nos influye ..... , cuando además y de forma habitual empleamos ya fines de semana para diversas formaciones  que nos ayudan a avanzar en nuestra profesión ,  ¡ que queréis que os diga..!

Allí me fui y pasó lo que siempre nos pasa, que nos venimos arriba.

Varías son las conclusiones y actividades que sacamos de este encuentro.

    Compartimos este nivel de "saturación" y también , todo hay que decirlo, contábamos con que después de tres años, mantener un mismo nivel de actividad es complicado.
  • Además, valoramos y mucho no solamente que nos hallamos hecho un "hueco" en las Universidades, y que los y las alumnas valoren muy bien la actividad que realizamos, sino que estas personas nos siguen a través de las redes, se comunican con nosotros y nosotras en búsqueda de información o simplemente de querer saber en qué estamos.
  • El seguimiento en las redes es constante y para nosotros y nosotras no supone esfuerzos mayores añadidos.
  • Todas las personas presentes , manifestamos nuestro deseo de  seguir compartiendo , estableciendo una línea de continuidad en la que todos y todas nos sintiéramos a gusto , con ganas .
Y aquí es cuando, invariablemente todos y todas ya nos venimos arriba y empiezan a surgir los planes , las inquietudes.... de manera que haciendo un esfuerzo y poner los "pies en la tierra", concretamos:

  • Cerramos y concretamos fechas con las Universidades, además actualizaremos y  trabajaremos las viñetas , tal como lo solemos hacer.
  • Terminamos de preparar un Power Point, con una sencilla explicación de lo que es el trabajo a través de viñetas, antes de trabajar la viñeta propiamente
  • Y ya puestos, nos hemos animado a crear (aquí sale la vena y gusto creativo de algunas de nosotras) un marca-páginas ´bonito con todos nuestros datos, además de una pequeña presentación de Aldarrikatu que entregaremos también. 
  • Para terminar, nos gustaría que este trabajo que venimos haciendo con las viñetas, se pudiese trasladar a espacios fuera del ámbito formal y compartir con otros y otras compañeras de profesión  para seguir construyendo juntos y juntas y seguir enriqueciéndonos. Esto será en Junio
Una vez más, y a pesar de mi poco ánimo inicial, acabamos contagiándonos unos de otras de las ganas, de entusiasmo por seguir aprendiendo juntos y juntas y sobre todo nos reímos un montón , sobre todo de nosotros mismos, que nos hacía un poco falta .
 
Con una sonrisa, nos despedimos hasta Marzo.
Inés


miércoles, 3 de diciembre de 2014

ACERCA DEL CONVENIO


          Tras varios meses de negociación del convenio de intervención social, se ha llegado a un preacuerdo. En la firma han participado Gizardatz, CCOO y ELA, quedándose sin firmar LAB. Sin entrar a valorar los contenidos de este preacuerdo, nos parece interesante realizar una lectura general del contexto en el que se ha realizado esta negociación.



           La negociación del convenio se desarrolla en un contexto de recortes, reducción y pérdida de servicios, programas y condiciones laborales y empleo. Esto no solo significa una situación precaria para el trabajador/a, sino una pérdida de calidad de los servicios que incide directamente en las personas con las que trabajamos. Por lo que desde la propia administración, se da una situación un tanto paradójica, puesto que por una parte se promueve un cuidado hacia las personas en situación de exclusión social ofreciendo una serie de programas con los que responder a sus necesidades y promover unas condiciones sociales más favorables, pero por otro lado, podemos observar que  estos programas reciben constantes recortes que descuidan la finalidad de los mismos y desmejoran las circunstancias de las personas.

      Lo misma ambivalencia podemos observar en el caso de la patronal y los/as trabajadores/as, ya que ambas partes tienen como finalidad prioritaria ofrecer una buena atención a las personas usuarias, pero vemos difícil hacerlo si cada uno tira de un extremo de la cuerda  atendiendo a sus posiciones sin ver el mismo interés que les une. Desde ahí entendemos la importancia de promover unas condiciones laborales de los/as educadores/as, es decir cuidar a las personas que cuidan de otras y reconocer su trabajo. Además la existencia de un convenio colectivo que asegure unas condiciones de trabajo adecuadas también es una herramienta para profesionalizar nuestro trabajo y para dotar a la educación social de la categoría profesional que le corresponde y de la que muchas veces los/as educadores/as sociales nos quejamos.

                Así mismo, creemos que es importante mencionar (además con cierto enfado), que siendo trabajadores del tercer sector que nos caracterizamos por luchar constantemente por los derechos de las personas, no somos capaces de luchar con el mismo ahínco por los nuestros propios, por lo que a vista esta, la escasa participación del colectivo en las diferentes movilizaciones, dando la sensación de poco interés y poca implicación y participación. Cuando volvemos a repetir que creemos que la negociación del convenio es un contexto óptimo para luchar por nuestra profesión. Entendemos que existe cierto enfado hacia la desinformación por parte de los sindicatos. Además en ocasiones da la impresión de que cada sindicato tiene una lucha, sin tener en cuenta que nosotros queremos (y es necesario) ir todos a una.

                Por ultimo señalar, como aspecto positivo, que la firma de este convenio recoge, primero un blindaje a la reforma laboral de Rajoy y segundo el compromiso por parte de las distintas entidades de no descolgarse del mismo. Sin embargo, mencionar que ya existen determinadas entidades que se han descolgado de tal convenio…
 
                La sensación con la que nos quedamos es que queda mucho por recorrer y que nuestra profesión necesita a todos y cada uno de los educadores/as sociales para luchar por su dignificación.
 
                                                                                                                             Isa y Marta (Educadoras Sociales)